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 Asunto: Noche de Difuntos
NotaPublicado: 12 Jul 2011 04:07 
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Noche de Difuntos


      Me contó esta historia un orco agonizante. Yo mismo le clavé la lanza que lo estaba matando lentamente. Un ser infernal, pero un guerrero al cabo. Cuando me disponía a rematarlo, me ordenó:

      —¡Siéntate!, he de contarte algo.

      Me sorprendió tanto y había tal energía en su voz que obedecí como un autómata. Y él empezó su relato:

      Sucedió hace muchos años, no muy lejos de aquí. El infame Áreon había sido coronado rey por el cardenal Lotar; a cambio, éste debía recibir una villa en pago de su servicio. Pero Áeron aún no tenía la villa en su poder, debía conquistarla, y recurrió para ello a uno de sus vasallos.

      Don Diego de Osma, conde de Osuna, hincó en tierra la rodilla izquierda al presentarse ante su rey.

      —Alzaos, don Diego —ordenó el monarca—, no hay tiempo que perder. Saldréis inmediatamente con una tropa de cien caballeros hacia la fortaleza de Campillo. La infantería ha batido sus murallas y diezmado las defensas durante los últimos días. Necesito que toméis la villa antes del domingo; no he de hacer esperar al cardenal...

      —Así se hará, mi señor —prometió el conde, inclinando la cabeza. El rey hizo un gesto con la mano, despidiéndolo.

      Don Diego y sus hombres cabalgaron las tres leguas que los separaban de Campillo. La villa ofrecía un aspecto dantesco, rodeada por murallas semiderruidas, salpicadas de incendios y cadáveres. Extramuros, las tropas atacantes se acuartelaban en un campamento formado por hileras de tiendas multicolores. Avisado por los centinelas, el capitán al mando salió al encuentro del conde, poniéndose a sus órdenes.

      —¿Queda alguna resistencia, capitán? —preguntó el de Osuna sin bajar de su montura.

      —En la torre se ha refugiado el alcaide con algunos soldados. Son pocos y apenas tienen armas, pero su posición es privilegiada; podrían causarnos bastantes bajas antes de que consigamos forzar las puertas.

      —¿Habéis intentado pactar la rendición?

      —Os esperábamos. No me he atrevido a negociar sin contar con la aprobación de Vuestra Excelencia...

      Don Diego observó la elevada torre del castillo, que destacaba, sólida, en aquel mar de destrucción. Sólo disponía de veinticuatro horas, no había tiempo para un asedio.

      —Hacedlo —ordenó al capitán—. Rendición inmediata y sin condiciones, si quieren conservar la vida. Apresuraos.

      Una hora después, la última resistencia de Campillo se había rendido ante el invasor y el conde de Osuna tomó posesión de la ciudadela en nombre del rey. Desde las almenas, don Diego observó de nuevo la destrucción causada. Había sido una batalla muy sangrienta. El rey y el cardenal llegarían en cualquier momento, era necesario apartar los restos de la contienda y, sobre todo, retirar los cientos de cadáveres que yacían por todas partes, especialmente bajo las murallas.

      Hizo descargar algunos carros de intendencia y dispuso que durante toda la tarde algunos de los hombres transportasen en ellos a los muertos hasta una distancia prudencial. La costumbre piadosa era enterrar los cuerpos, tanto de los enemigos como propios, pero don Diego tenía prisa y temía que Áreon se adelantase, por lo que ordenó que los cadáveres fuesen arrojados a algún barranco, sin entretenerse en cavar fosas. ¡A quién podría importar! Aun así, había tantos que no se terminó la tarea hasta bien entrada la noche. Los hombres estaban inquietos. "Los muertos deben ser enterrados", murmuraban.

      Mientras tanto, los soldados celebraban la victoria del único modo en que sabían hacerlo: comiendo y bebiendo hasta no poder más, alrededor de las hogueras. Después, los más jóvenes persiguieron a algunas de las mujeres que se habían acercado a recoger las sobras del banquete, mientras los de más edad contaban historias a quienes quisieran oírlas. Era Noche de Difuntos, en la que según los relatos habían sucedido cosas tan horribles que habrían puesto los vellos de punta a quienes escuchaban, si no hubiesen estado tan borrachos.

      Después de comprobar que todo estaba en orden, el conde de Osuna se retiró a la alcoba que había sido del alcaide hasta la víspera. No esperaba encontrar lujo, pero la austeridad del aposento lo sorprendió: un jergón sobre el suelo cubierto por una manta hecha con algún tipo de pelo áspero era todo cuanto allí había. Cuando su vista se acomodó a la escasa luz de la única vela que alumbraba, descubrió algo más; algo que lo sobrecogió: en la pared, donde hubiese esperado encontrar un crucifijo, colgaba una máscara de facciones espeluznantes. Acercó la llama para examinarla mejor. Con las fauces abiertas bajo unos ojos pequeños y hundidos, mostrando unos colmillos enormes, la máscara representaba una cabeza semihumana con una expresión de maldad como nunca antes había visto. Un escalofrío le recorrió la espalda. Intentó arrancarla de la pared pero sus esfuerzos fueron inútiles. Golpeó la figura con su espada hasta hacer saltar chispas sin conseguir moverla ni un punto.

      Don Diego intentó serenarse. "No es más que un trozo de metal al que algún artesano ha conseguido dar esa forma horrible. ¿Qué daño podría hacerme?", pensó. Sonrió al recordar el desasosiego pueril sentido momentos antes. Colgó su cota de malla de los pequeños cuernos de la máscara y se dispuso a dormir las pocas horas que faltaban hasta el alba.

      Aún no había amanecido cuando un ruido lo despertó. La vela se había apagado y no podía ver nada. Oyó claramente un graznido que provenía de la única ventana del aposento, abierta, pues no había con qué cerrarla. Distinguió dos pequeños ojos rojizos brillando en la oscuridad. El conde se levantó y tomando su espada avanzó hacia la ventana. Al acercarse, lo que quiera que fuese que había provocado el ruido alzó el vuelo y desapareció. Don Diego hubiera jurado que era un cuervo, nada raro en aquellas tierras por demás inhóspitas. Ya en el horizonte un muy ligero resplandor anunciaba el amanecer. Atisbó afuera y lo que vio heló la sangre en sus venas: hasta donde alcanzaba la vista, tejados, árboles, almenas, absolutamente todo estaba cubierto por grandes pájaros de negras plumas. Cuervos y buitres inmóviles, amenazadores, en silencio, como si esperasen alguna señal, cientos, miles de ellos se habían adueñado de Campillo. Entonces oyó un alarido que parecía provenir del mismo infierno.

      Cuando, cerca del mediodía, Áreon y el cardenal Lotar se acercaron a la villa, nadie salió a recibirlos. Extrañado por la soledad del paraje, el rey envió exploradores para que se adelantaran. Al poco rato regresaron al galope, como si los persiguiera el diablo. Contaron que no habían visto rastro de las tropas, ni del conde de Osuna ni de ningún otro ser vivo; sin embargo todos habían sentido la presencia de algo maligno y terrorífico, algo que cortaba la respiración y helaba la sangre. Fuese lo que fuere lo que les había ocurrido, aquellos hombres habían quedado al borde de la locura. No obstante, y contrariando al chambelán que estaba verdaderamente impresionado, el rey decidió entrar en el pueblo con diez de sus caballeros de más confianza, además del cardenal que, por conocer al Diablo mejor que ninguno de los presentes, sería de utilidad si el Maligno anduviese realmente por allí.

      Así que los doce jinetes hubieron entrado en Campillo franqueando una de las brechas más anchas de la muralla, el cielo se oscureció por el vuelo de miles de pájaros. Parecían surgir de la nada, del mismo aire, y se lanzaron hacia donde el grupo de caballeros debía de estar. El fragor de sus graznidos se hizo insoportable. Viendo lo que sucedía, el grueso de las tropas reales fue tras los pasos de Áreon para socorrerlo. Unos a pie y otros al galope llegaron en pocos minutos a la plaza de armas frente a la entrada de la fortaleza, cuyas puertas estaban abiertas de par en par. Allí encontraron a once de los caballos, solos y cubiertos de sangre. Sólo el del cardenal conservaba a su jinete, maltrecho, aferrado a la cruz de plata que colgaba de su cuello. El hombre no cesaba de mascullar exorcismos en latín, que intercalaba con gritos incoherentes. Sin duda había perdido la razón. Cuando los soldados lo desmontaron vieron que tenía la cara ensangrentada y que ambos ojos le habían sido arrancados. El terror se apoderó definitivamente de la tropa que huyó aún más veloz de lo que había llegado.

      El cardenal nunca recuperó la razón; pasó el resto de sus días recluido en el convento de San Bartolomé, recitando sin fin exorcismos y letanías. De vez en cuando, de día o de noche, rompiendo el silencio místico del monasterio, podían oírse sus gritos: "¡¡¡Los pájaros, los pájaros!!! Enterrad a los muertos...". Entonces era presa de gran agitación y alguno de los monjes se apresuraba a darle de beber unas gotas de láudano que lo calmaban y adormecían. Del conde de Osuna y de su ejército, del rey y de sus caballeros, jamás volvió a saberse. Hay quien dice haber visto por los alrededores de Campillo, en las noches de difuntos, tropas formadas por soldados ciegos luchando encarnizadamente unos contra otros, sin que nadie cayese por graves que fueran sus heridas. Pero son muy pocos los que lo afirman, porque casi nadie se atreve a acercarse por allí desde que sucedieron estos hechos, y menos aún en esa noche. Hoy Campillo es sólo un punto gris en el mapa, cuyo simple recuerdo hace que la gente se persigne y corra a refugiarse en sus casas.


      Yo estaba tan absorto en el relato que di un respingo cuando el orco, dando por terminada la historia, me preguntó:

      —¿Estás seguro de que tu rey es mejor que Áreon? —Y prorrumpió en una risa que me sonó siniestra—. Los humanos sois estúpidos, nunca aprendéis las lecciones. Cuando lucha el mal contra el mal, siempre gana el peor de los males. Al mal sólo puede combatirlo el bien, contra la bondad nosotros no podemos hacer nada. ¿Crees que eres lo bastante bondadoso para vencerme? —insistió el orco.

      Sus palabras me hicieron reflexionar. Lo miré y ya no vi al monstruo infrahumano que sólo merecía odio y muerte, sino a un ser desvalido y agonizante. Creo que, por primera vez en mi vida de soldado, sentí compasión. Me levanté y me dirigí a mi caballo, que aguardaba a pocos metros del lugar, para coger la cantimplora y ofrecérsela al herido. Pero, increíblemente, cuando volví la cabeza el orco ya no estaba.

      En el suelo quedó mi lanza, partida. En el aire, con vuelo majestuoso, un cuervo se alejaba, graznando con fuerza. Estúpidamente, alcé la mano en un gesto de despedida.


© Fernando Hidalgo Cutillas 2011

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Última edición por Panchito el 19 Jul 2011 03:38, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Noche de Difuntos
NotaPublicado: 12 Jul 2011 04:35 
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soberbio






no tengo mas palabras.


ya antes habia emudecido ante tanta belleza creadora...


mario a.

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escribo y punto.



http://salypimientayyo.blogspot.mx/


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 Asunto: Re: Noche de Difuntos
NotaPublicado: 13 Jul 2011 02:01 
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¡Cuánto me alegro, Mario, de que te haya gustado!

Este relato lo colgué por escaso tiempo en Prosófagos, hace unos cuatro años. Lo he recuperado de un disco duro antiguo, ya arrinconado y casi olvidado. Me gustaría encontrar otro de hace al menos siete años, también perdido, pero ése creo que se fue definitivamente :unsure.gif:

Gracias por tu halago y tu lectura.

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 Asunto: Re: Noche de Difuntos
NotaPublicado: 02 Abr 2014 11:42 
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Aunque este es bueno, creo que tienes mejores cuentos. Miraré los demás.

Citar:
Me contó esta historia un orco agonizante. Yo mismo le clavé la lanza que lo estaba matando lentamente.


Me contó esta historia un orco agonizante. Yo mismo le clavé la lanza que lo mataba lentamente.

Citar:
Cuando me disponía a rematarlo, me ordenó:


En esas circunstancias no creo que el orco pudiera ordenar nada, pero sí rogar.

Cuando me disponía a rematarlo, me rogó:

Citar:
La villa ofrecía un aspecto dantesco, rodeada por murallas semiderruidas


Citar:
...por lo que ordenó que los cadáveres fuesen arrojados a algún barranco, sin entretenerse en cavar fosas.


Citar:
Mientras tanto, los soldados celebraban la victoria del único modo en que sabían hacerlo:


Citar:
comiendo y bebiendo hasta no poder más, alrededor de las hogueras.


Citar:
Extrañado por la soledad del paraje, el rey envió exploradores para que se adelantaran.


Citar:
Viendo lo que sucedía, el grueso de las tropas reales fue tras los pasos de Áreon para socorrerlo.


Son necesarias esas comas??

Citar:
Después, los más jóvenes persiguieron a algunas de las mujeres que se habían acercado a recoger las sobras del banquete,


En la anterior o sobra o falta una coma.

Después, los más jóvenes, persiguieron a algunas de las mujeres que se habían acercado a recoger las sobras del banquete,

Después los más jóvenes persiguieron a algunas de las mujeres que se habían acercado a recoger las sobras del banquete,

Citar:
Había sido una batalla muy sangrienta.


Citar:
caballos, solos y cubiertos de sangre. Sólo el del cardenal conservaba a


Yo eliminaría el segundo solo.

caballos, solos y cubiertos de sangre. El del cardenal conservaba a


Un cordial saludo.


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 Asunto: Re: Noche de Difuntos
NotaPublicado: 02 Abr 2014 16:49 
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Registrado: 30 Abr 2011 23:39
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Ubicación: Barcelona - España
Hola Pedro, tú también estás resucitando a los muertos :lol: Hace casi tres años que este texto pasó a mejor vida con el último comentario. Como tiene varios años, es un texto muy revisado, no exagero si te digo que releo mis textos un montón de veces, no paro hasta leerlo dos o tres veces consecutivas sin encontrar nada que retocar. Quiero decir que nada hay casual, nada es "gazapo", puede ser error pero no descuido.

A veces el lector toma el texto que lee como una sugerencia para que él mismo imagine su propia historia. En la historia que yo escribí, el orco ordena. Es un matiz importante, que se continúa así: Me sorprendió tanto y había tal energía en su voz que obedecí como un autómata. En la tuya, ruega. Son dos cuentos diferentes. Yo creo que esto es una forma de vicio de lectura que nos afecta a todos (a mí, muchísimo) y que hay que aprender a dominar, porque nos impide seguir la historia que escribió el autor, descubrirla (si has pensado que el orco rogaba, al menos esa parte no la has entendido. Algo te ha chocado pero, en lugar de dejarte llevar por el guión del autor, estableces tu propio guión: un orco herido no puede ordenar. En mi relato el orco siempre es quien tiene el poder, como se ve al final, y ese detalle está ahí para que se huela algo el lector desde el principio) y tampoco nos sirve la que nosotros recreamos. No entregarse a lo que dice el texto malogra la lectura. Después ya veremos si nos gusta o no pero, al leer, fidelidad al autor.

Sobre el tema de las comas, unas pocas de las que señalas son necesarias y otras optativas, pero ninguna sobra. Se toca este tema tan a menudo que no me canso de recomendar que se dedique un rato a desmenuzar las normas del DPD, que son muy completas. Por ejemplo el punto 3.4 todos me veis pisotearlo a diario :unsure.gif:

DPD escribió:
1. Usos lingüísticos de la coma
1.1. Para delimitar incisos. Deben utilizarse dos comas, una delante del comienzo del inciso y otra al final. En este caso, la coma sí indica pausa y el inciso se lee en un tono más grave que el del resto del enunciado. La mayor parte de las veces puede alternar, en este uso, con la raya y con los paréntesis. Los incisos pueden ser:
1.1.1. Aposiciones explicativas: Cuando llegó Adrián, el marido de mi hermana, todo se aclaró.
1.1.2. Adjetivos explicativos pospuestos al sustantivo u oraciones adjetivas explicativas: Los soldados, cansados, volvieron al campamento con dos horas de retraso (se explica que los soldados estaban cansados, de ahí que se retrasaran); o La casa, que está al borde del mar, es muy luminosa (se explica que la casa de la que se habla está al borde del mar). Por el contrario, si el adjetivo o la oración adjetiva tienen función especificativa, no se escriben entre comas: Los soldados cansados volvieron al campamento con dos horas de retraso (se especifica que, del total de los soldados, algunos, los que estaban cansados, llegaron con retraso); o La casa que está al borde del mar es muy luminosa (se especifica que, de entre todas las casas que hay en una zona determinada, se habla de la que está situada al borde del mar).
1.1.3. Expresiones u oraciones de carácter accesorio, sin vinculación sintáctica con los elementos del enunciado en el que se insertan: Tus rosquillas, ¡qué delicia!, son las mejores que he probado en mi vida; Se presentó a comer, dime tú si no es para matarlo, con diez amigotes y sin avisar.
1.1.4. Cualquier otra clase de comentario, explicación o precisión a algo dicho: Toda mi familia, incluido mi hermano, estaba de acuerdo; El buen gobernante, según sostenía un célebre político, debe estar siempre preparado para abandonar el poder.
1.2. Para separar o aislar elementos u oraciones dentro de un mismo enunciado
1.2.1. La coma separa los elementos de una enumeración, siempre que estos no sean complejos y ya contengan comas en su expresión, pues, en ese caso, se utiliza el punto y coma: Ayer me compré dos camisas, un pantalón, una chaqueta y dos pares de zapatos.
Cuando la enumeración es completa o exhaustiva, el último elemento va introducido por una conjunción (y, e, o, u, ni), delante de la cual no debe escribirse coma:
Es un chico muy reservado, estudioso y de buena familia.
No le gustan las manzanas, las peras ni los plátanos.
¿Quieres té, café o manzanilla?
Si la enumeración es incompleta y se escogen solo algunos elementos representativos, no se escribe conjunción alguna ante el último término, sino coma. La enumeración puede cerrarse con etcétera (o su abreviatura etc.), con puntos suspensivos o, en usos expresivos, simplemente con punto:
Acudió toda la familia: abuelos, padres, hijos, cuñados, etc.
Estamos amueblando el salón; hemos comprado el sofá, las alfombras, la lámpara...
Todo en el valle transmite paz: los pájaros, el clima, el silencio.
1.2.2. Se separan mediante comas los miembros gramaticalmente equivalentes dentro de un mismo enunciado. Al igual que en el caso anterior, si el último de los miembros va introducido por una conjunción (y, e, o, u, ni), no se escribe coma delante de esta:
Llegué, vi, vencí.
Estaba preocupado por su familia, por su trabajo, por su salud.
No te vayas sin correr las cortinas, cerrar las ventanas, apagar la luz y echar la llave.
No obstante, existen casos en que la conjunción sí puede ir precedida de coma.
1.2.3. Se aíslan entre comas los sustantivos que funcionan como vocativos, esto es, que sirven para llamar o nombrar al interlocutor: Javier, no quiero que salgas tan tarde; Has de saber, muchacho, que tu padre era un gran amigo mío; Venid aquí inmediatamente, niños. Cuando los enunciados son muy breves, se escribe igualmente coma, aunque esta no refleje pausa alguna en la lectura: No, señor; Sí, mujer.
1.2.4. Se escriben entre comas las interjecciones o locuciones interjectivas: Bah, no te preocupes; No sé, ¡ay de mí!, cuánto tiempo más voy a poder soportarlo.
1.2.5. Se escribe coma para separar el sujeto de los complementos verbales cuando el verbo está elidido por haber sido mencionado con anterioridad o estar sobrentendido:
Su hijo mayor es rubio; el pequeño, moreno.
Los que no tengan invitación, por aquella puerta.
Nueve por tres, veintisiete.
1.2.6. Se escribe coma delante de cada una de las oraciones o elementos coordinados encabezados por adverbios correlativos que funcionan como conjunciones distributivas o disyuntivas, como bien..., bien...; ora..., ora...; ya..., ya...: Organizaremos la fiesta, bien en tu casa, bien en la mía; «Medio atarantado dentro del huevo de metal, ora oliéndose a sí mismo, ora las exudaciones de las láminas» (Fuentes Cristóbal [Méx. 1987]); «Habrá quienes estén de acuerdo con el jeque Abdula, ya porque se quieran ir al desierto con él, ya porque compartan su pesimismo sobre el futuro» (Schwartz Conspiración [Esp. 1982]).
También se escribe coma delante de la correlación disyuntiva o bien..., o bien (a veces, uno de los dos términos se encabeza simplemente con o): «Al dar la pelota en uno de los nervios del lomo de la piel holandesa, o bien rebotaba tan fulmínea, o bien perdía su elasticidad» (Lezama Paradiso [Cuba 1966]); «Los adultos, [...] a partir de cierta edad, o bien tenían los síntomas sin las enfermedades, o algo peor: enfermedades graves con síntomas de otras inofensivas» (GaMárquez Amor [Col. 1985]).
Se separan por comas las oraciones yuxtapuestas de sentido distributivo: Unos se ganaban la vida cazando, otros pescando, los más cultivando los campos; también las expresiones correlativas que reproducen un mismo esquema gramatical, propias de dichos populares o fórmulas fijas: Hecha la ley, hecha la trampa; Ojo por ojo, diente por diente.
1.2.7. Es conveniente escribir coma delante de excepto, salvo y menos: «Todo me irrita, excepto la soledad» (Millás Desorden [Esp. 1988]); «Cristina siempre estaba a mano, salvo cuando se daba una comilona de ratones» (Rossi María [C. Rica 1985]); «Los pobres lo perdonan todo, menos el fracaso» (Sepúlveda Viejo [Chile 1989]).
1.2.8. Se escribe coma delante de las conjunciones o locuciones conjuntivas que unen las oraciones incluidas en una oración compuesta, en los casos siguientes:
a) Ante oraciones coordinadas adversativas introducidas por pero, mas, aunque, sino (que): Hazlo si quieres, pero luego no digas que no te lo advertí.
b) Ante oraciones consecutivas introducidas por conque, así que, de manera que, etc.: Prometiste acompañarla, así que ahora no te hagas el remolón.
c) Ante oraciones causales lógicas o explicativas, también llamadas «de la enunciación»: Ha llovido, porque está el suelo mojado. Por el contrario, las causales puras o reales, también llamadas «del enunciado», no se introducen mediante coma: El suelo está mojado porque ha llovido. La diferencia entre un tipo de causales y otro es que las causales propiamente dichas expresan la causa real del hecho enunciado en la principal (El suelo está mojado porque ha llovido: la lluvia es la causa real de que el suelo esté mojado), mientras que las lógicas o explicativas no introducen la causa real de lo expresado en la oración principal, sino el hecho que permite al que habla afirmar o enunciar la oración principal (Ha llovido, porque está el suelo mojado: lo que me lleva a afirmar que ha llovido es que el suelo está mojado).
1.2.9. Se escribe coma para separar los dos términos de la construcción copulativa intensiva no solo..., sino (también)...: Sus palabras fueron consideradas ofensivas no solo por mí, sino (también) por todos los presentes.
1.2.10. Cuando se invierte el orden regular de las partes de un enunciado, anteponiendo al verbo elementos que suelen ir pospuestos, se escribe coma detrás del bloque anticipado en los casos siguientes:
a) En las oraciones simples, cuando los complementos circunstanciales preceden al verbo, salvo que sean muy cortos: En aquellos calurosos días de principios del verano pasado, la convivencia era idílica (pero En casa no puedo estudiar). Cuando otros complementos verbales (directos, indirectos, complementos de régimen, etc.) anticipan su aparición, no debe escribirse coma cuando la intención es destacar o enfatizar el elemento anticipado: Vergüenza debería darte; Muy contento estás tú. Sin embargo, cuando el elemento anticipado simplemente expresa el tema del que se va a decir algo, la coma es opcional: De dinero, no hablamos nunca / De dinero no hablamos nunca; Carne, no suelo comer mucha / Carne no suelo comer mucha. En este último caso, la presencia de la coma es más conveniente cuanto más largo es el fragmento anticipado: La costumbre de hacer regalos a los niños cuando terminan las clases, nunca la hemos seguido en mi casa.
b) En las oraciones compuestas, cuando la subordinada adverbial precede a la principal: Si vas a llegar tarde, no dejes de avisarme; Aunque no lo creas, es verdad; Antes de entrar, dejen salir; Dicho esto, el diputado bajó del estrado. También en estos casos, si la subordinada es muy breve, puede prescindirse de la coma: Si lo sé no vengo.
1.2.11. Se escribe coma detrás de determinados enlaces como esto es, es decir, a saber, pues bien, ahora bien, en primer lugar, por un/otro lado, por una/otra parte, en fin, por último, además, con todo, en tal caso, sin embargo, no obstante, por el contrario, en cambio y otros similares, así como detrás de muchos adverbios o locuciones adverbiales que modifican a toda la oración y no solo a uno de sus elementos, como efectivamente, generalmente, naturalmente, por regla general, etc.: Por lo tanto, los que no tengan invitación no podrán entrar al recinto; no obstante, podrán seguir el acto a través de pantallas instaladas en el exterior. Naturalmente, los invitados deben vestir de etiqueta. Si estas expresiones van en medio de la oración, se escriben entre comas: Estas palabras son sinónimas, es decir, significan lo mismo; los antónimos, en cambio, tienen significados opuestos.
Cuando las locuciones son de carácter anunciativo, es posible sustituir la coma por los dos puntos si se desea realizar una pausa mayor, de intención enfática: Me voy ahora mismo de aquí; es más: no pienso volver nunca.
1.2.12. Se escribe coma detrás de los complementos encabezados por locuciones preposicionales de valor introductorio, del tipo en cuanto a, respecto de, con respecto a, en relación con, con referencia a, a tenor de, etc.: En cuanto a ti, no quiero volver a verte; A tenor de lo visto, no creo que cambie mucho la situación. De la misma manera, se pone coma detrás de los elementos encabezados por locuciones preposicionales o adverbiales de valor condicional, concesivo, final, causal, etc.: En ese caso, nos quedaremos en casa; A pesar de todo, conseguimos nuestro objetivo; Para eso, hubiera sido mejor que no hablaras; Aun así, nadie te lo va a agradecer.
1.2.13. Se escribe coma delante de una palabra que se acaba de mencionar cuando se repite para introducir una explicación sobre ella: Se compró la mejor moto que había en el mercado, moto que, a los pocos meses, acabó olvidada y polvorienta en el garaje.
1.2.14. La palabra etcétera (o su abreviatura etc.) se separa con coma del resto del enunciado: «Los bailes populares como la sardana, la jota, etcétera, estaban proscritos» (Mendoza Ciudad [Esp. 1986]); «Los bailes autóctonos, las peregrinaciones, etc., perduran hasta nuestros días» (Leyva Piñata [Méx. 1984]).
1.2.15. Se escriben entre comas los sobrenombres o seudónimos cuando se mencionan tras el nombre verdadero: «Se celebra hoy el 150 aniversario de la muerte de Simón Bolívar, el Libertador» (País [Esp.] 17.12.80); José Martínez Ruiz, Azorín, perteneció a la generación del 98. Al contrario que estos, los sobrenombres que no pueden utilizarse solos, sino que deben ir necesariamente acompañados del nombre propio, se unen a este sin coma: Alfonso II el Casto, Guzmán el Bueno, Lorenzo el Magnífico.
1.2.16. Es conveniente escribir entre comas la mención del autor cuando se pospone al título de la obra: La escultura El pensador, de August Rodin, es la más conocida de su autor.
1.2.17. En la datación de cartas y documentos, se escribe coma entre el lugar y la fecha: Santiago, 8 de enero de 1999; En Cartagena, a 16 de marzo de 2000; o entre el día de la semana y el del mes: Lunes, 23 de enero de 2002.
1.2.18. En las direcciones, en España se escribe coma entre el nombre de la calle y el número del inmueble: Calle del Sol, 34; Avenida de la Constitución, número 2.
1.2.19. Se separan mediante coma el nombre de una colección y el número del volumen correspondiente: Biblioteca de Autores Españoles, 24; Colección Melibea, 5.
1.2.20. Se usa la coma para separar los componentes de un nombre o expresión cuando, para integrarlos en una lista alfabética (bibliografía, índice, etc.), se ha invertido el orden normal de sus elementos:
Bello, Andrés: Gramática...
Cuervo, Rufino José: Diccionario de construcción...
— acentuación, reglas de
— puntuación, signos de
1.3. Para distinguir entre sentidos posibles de un mismo enunciado. Una misma secuencia de palabras puede tener varios significados dependiendo de cómo esté puntuada: Me he vestido, como me indicaron (me indicaron que me vistiera) / Me he vestido como me indicaron (me indicaron cómo debía vestirme). Si no se coloca coma detrás de mientras, esta palabra es conjunción: Mientras hizo lo que debía y todo salió bien, no hubo problemas; si va seguida de una coma, es un adverbio de tiempo: Mientras, hizo lo que debía y todo salió bien. Algo parecido ocurre con luego, que puede ser adverbio (‘después, más tarde’): Yo no estuve allí luego, me lo perdí; o conjunción consecutiva (‘así que, por lo tanto’): Yo no estuve allí, luego me lo perdí. De la misma manera, el adverbio así pasa de ser un conector oracional cuando va seguido de coma (‘entonces, por consiguiente’): Así, no hubo quien lo convenciera, a ser un modificador verbal cuando no la lleva (‘de esa manera’): Así no hubo quien lo convenciera.
2. Uso con las conjunciones copulativas y disyuntivas
El uso de la coma es incompatible con las conjunciones y, e, ni, o, u cuando este signo se utiliza para separar elementos de una misma serie o miembros gramaticalmente equivalentes dentro de un mismo enunciado. Sin embargo, hay otros casos en que no solo el uso conjunto de la coma y la conjunción es admisible, sino necesario:
2.1. En una relación compuesta de elementos complejos que se separan unos de otros por punto y coma, delante de la conjunción que introduce el último de ellos se escribe una coma (o también un punyo y coma): En el armario colocó la vajilla; en el cajón, los cubiertos; en los estantes, los vasos, y los alimentos, en la despensa.
2.2. Se escribe coma delante de estas conjunciones cuando la secuencia que encabezan enlaza con todo el predicado anterior, y no con el último de sus miembros coordinados:
Pagó el traje, el bolso y los zapatos, y salió de la tienda.
No sé si ir de vacaciones a Francia o Italia, o quedarme en casa.
2.3. Cuando se enlazan miembros gramaticalmente equivalentes dentro de un mismo enunciado, si el último de ellos es semánticamente heterogéneo con respecto a los anteriores (es decir, no introduce un elemento perteneciente a la misma serie o enumeración), por indicar normalmente una conclusión o una consecuencia, se escribe coma delante de la conjunción: Pintaron las paredes de la habitación, cambiaron la disposición de los muebles, pusieron alfombras nuevas, y quedaron encantados con el resultado.
2.4. Es frecuente, aunque no obligatorio, que entre oraciones coordinadas se ponga coma delante de la conjunción cuando la primera tiene cierta extensión y, especialmente, cuando tienen sujetos distintos: La mujer salía de casa a la misma hora todas las mañanas, y el agente seguía sus pasos sin levantar sospechas; O vienes conmigo antes de que pierda la paciencia, o te quedas aquí para siempre.
2.5. Cuando la conjunción y tiene valor adversativo (equivalente a pero), puede ir precedida de coma: Le aconsejé que no comprara esa casa, y no hizo caso.
2.6. Debe escribirse coma delante o detrás de cualquiera de estas conjunciones si inmediatamente antes o después hay un inciso o cualquier otro elemento que deba ir aislado por comas del resto del enunciado: Mi abuelo, que era un gran aficionado a la poesía, y el maestro del pueblo fundaron una revista literaria; Puedes venir con nosotros o, por el contrario, quedarte en casa todo el día.
3. Usos incorrectos
3.1. Es incorrecto escribir coma entre el sujeto y el verbo de una oración, incluso cuando el sujeto está compuesto de varios elementos separados por comas: Mis padres, mis tíos, mis abuelos, me felicitaron ayer. Cuando el sujeto es largo, suele hacerse oralmente una pausa antes del comienzo del predicado, pero esta pausa no debe marcarse gráficamente mediante coma: Los alumnos que no hayan entregado el trabajo antes de la fecha fijada por el profesor || suspenderán la asignatura.
Dos son las excepciones a esta regla: cuando el sujeto es una enumeración que se cierra con etcétera (o su abreviatura etc.) y cuando inmediatamente después del sujeto se abre un inciso o aparece cualquiera de los elementos que se aíslan por comas del resto del enunciado. En esos casos aparece necesariamente una coma delante del verbo de la oración: El novio, los parientes, los invitados, etc., esperaban ya la llegada de la novia; Mi hermano, como tú sabes, es un magnífico deportista.
3.2. No debe escribirse coma delante de la conjunción que cuando esta tiene sentido consecutivo y va precedida, inmediatamente o no, de tan(to) o tal: «Dependían tanto uno del otro que la confianza era imposible» (Saer Entenado [Arg. 1988]); «La situación había llegado a tal punto que ya no era posible ocultarla» (UPietri Visita [Ven. 1990]).
3.3. No se escribe coma detrás de pero cuando precede a una oración interrogativa o exclamativa: Pero ¿dónde vas a estas horas?; Pero ¡qué barbaridad!
3.4. El uso de la coma tras las fórmulas de saludo en cartas y documentos es un anglicismo ortográfico que debe evitarse; en español se emplean los dos puntos: Querido amigo, / Te escribo esta carta para comunicarte... Debe ser: Querido amigo: / Te escribo esta carta para comunicarte...


Para quien no tenga tiempo que dedicar al asunto, el mejor método de poner comas es leer en voz alta (o imaginarlo), con sentido común y teniendo claro lo que se quiere decir. Doy por supuesto que todo el mundo sabe leer una coma.

Solos/sólo, en tu última reseña, tienes razón. Eso, a pesar de tantas relecturas, quedó pobre :wtf:

Citar:
...caballos cubiertos de sangre. Sólo el del cardenal conservaba a su jinete.


Así está mucho mejor.

No creo que sea éste el relato seleccionado para la II antología, pero siempre me ha gustado, es completamente distinto a todos los demás. Te agradezco la lectura y el detallado comentario. Un abrazo.

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 Asunto: Re: Noche de Difuntos
NotaPublicado: 05 Feb 2015 18:04 
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Registrado: 02 May 2011 03:24
Mensajes: 885
Ubicación: Caracas, Venezuela
Hola Fernando,

Es una historia de gran contenido. Generalmente respeto la puntuación del autor. Por supuesto, existen reglas para las comas, tan difíciles de manejar, reconozco que soy una de las que usa muy mal los signos de puntuación al escribir, pero cuando leo un cuento escrito por otro prefiero poner más atención al tema, pues en algunos casos las comas son necesarias y se comprende mejor la intención del autor.
En "Noche de difuntos" nos haces ver con claridad una leyenda de esa noche tan conocida por todos, de manera que el lector ya desde el título maneja cierta complicidad con el autor. Por supuesto, llama la atención que un orco en posición de menoscabo pueda ordenar, pero se sobrentiende al seguir leyendo.
El final es aleccionador. Hasta el ser más abyecto es digno de compasión. Si el odio o la rabia tuvieran por respuesta compasión; un sentimiento que resume comprensión, bondad y claridad de ideas, se hubieran evitado muchas desgracias en este mundo.
Fue un placer leer este cuento una vez más,
Besos,
Blanca

_________________
El presente es tan efímero que justo cuando lo notamos, se ha esfumado. Escribo para no olvidar esos momentos fugaces.
B. Miosi

http://www.bmiosi.com/

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 Asunto: Re: Noche de Difuntos
NotaPublicado: 05 Feb 2015 22:30 
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Registrado: 23 Jul 2011 11:52
Mensajes: 3044
Ubicación: Tarragona -España
¡Vaya, parece ser, Fernando, que estamos en plan "revival"! ;) ;) ;)

Estoy seguro de haber comentado este relato en otro foro. Lo recuerdo por la palabra orco, que juntamente con órdago se emplean con frecuencia en los últimos tiempos. Se trata de dos vocablos cuya definición sigo sin tener del todo clara. En el caso de orco, parece ser que procede de la mitología celta y se trata de un ser monstruoso. Por lo visto, con esta definición ha llegado hasta nuestra lengua como adaptación del vocablo orc, usado en la literatura inglesa.

En el caso de órdago, el tema se me complica más. Procede del vasco según la definición del DRAE, pero he visto que se usa para todo: lanzar un órdago, un órdago de sandeces, tu discurso no es política sino un órdago que nadie se cree...

De tu relato diré que resulta estremecedor. La lectura mantiene el interés. La prosa empleada está a tono con un texto de aventuras fantásticas, y es de muy buena calidad.

Dentro de la fantasía cabe todo. Pero hay un matíz en la estructura que no me ha convencido, o no se me ha hecho creíble. Un moribundo, por muy orco que sea, no podría contar una historia así... Es el único punto flaco que he encontrado al leerlo.

El tema de Diablo con mayúscula o con minúscula ya lo hemos debatido de manera amplia. Pero creo que deberías decidirte por una de las dos formas. Yo lo pondría siempre con mayúscula, al igual que Infierno.

Ese "Estúpidamente" del final no me gusta. Parece que el narrador se sienta un ser estúpido. Yo buscaría otra palabra derivada de "asombro, sorpresa, extrañeza" o algo parecido.

Un placer volver a leer este relato fantástico.

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Los halagos ensalzan nuestro ego, pero una crítica constructiva nos hace más sabios. JGM.


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 Asunto: Re: Noche de Difuntos
NotaPublicado: 05 Feb 2015 23:36 
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Registrado: 10 Jun 2011 16:30
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Bueno, entra solo y me gustaría seguir leyendo. El problema está en que querría seguir leyendo un relato de aventuras, saber qué pasaba con esos caballeros, el cardenal. Eso de los muertos tirados al barranco me encantó. ¡¡¡está todo tan bien contado!!!! El problema está en que no me gusta la temática fantástica, de cosas extrañas (:lol: :lol: :lol: y lo digo yo, que escribí "la cita", hay que tener poca vergüenza por mi parte).
Hay una cosa en la no caí porque estaba embebida con el relato, en el que realmente me metí, pero una vez que leí el apunte que hace José sobre que es un relato que no parece muy propio de un moribundo, pienso que puede que haya que hacer "algo" con eso, matizarlo.
En cualquier caso, Fernando, tienes el don de hacer atractiva cualquier cosa que cuentas. Si gusta o no, te das cuenta al final porque, como te digo, entra solo.
Un beso

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 Asunto: Re: Noche de Difuntos
NotaPublicado: 09 Feb 2015 20:40 
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Registrado: 30 Abr 2011 23:39
Mensajes: 3576
Ubicación: Barcelona - España
¡Blanca!, qué sorpresa verte por aquí después de tanto tiempo. Cuánto me alegro...

Al principio, el cuento era sólo el relato del orco; después le añadí la entrada y el final, o sea, el marco en el que el orco cuenta su historia, y donde hay un poco de moraleja.

El orco no es humano, es diabólico, tiene el poder de curar de sus heridas sin más, eso no se explica pero se ha de deducir de los hechos tal como se cuentan. El orco ordena, no ruega, es su modo de ser. Veo que lo has captado.

Tú no, José, el orco nunca estuvo moribundo, aunque el soldado lo creyera. Es un relato de ficción, ambientado en la ficción, con reglas ficticias, como un relato de hombres-lobo, o de vampiros. ¿Acaso puede un hombre transformarse en lobo? ¿O volar? Si esas son las reglas, sí. Pues lo mismo para el orco. Quizá él sólo necesita un poco de tiempo y es lo que consigue contando la historia. Si aceptas que el orco se transforme en cuervo al final creo que se puede aceptar cualquier cosa.

Lo mismo te digo, Belén. Tú y José tenéis imaginaciones rebeldes que no quieren imaginar lo que el autor propone, que no tiene nada de extraordinario: un orco aparentemente malherido cuenta una historia. Un orco; no un soldado, no un hombre, sino un orco, un ser fantástico y diabólico :shock: :crazyfeo.gif: .

Muchas gracias a los tres por resucitar de nuevo este relato y vuestra lectura. Abrazos.

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 Asunto: Re: Noche de Difuntos
NotaPublicado: 09 Feb 2015 21:52 
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Registrado: 10 Jun 2011 16:30
Mensajes: 2159
¡¡¡ay, es que un orco...!!!
No puedo imaginarme un orco... ¿qué es un orco? Un vampiro, un hombre lobo... son como de casa, es fácil imaginarse cualquier cosa... pero orco me suena a señor de los anillos y no quise ver ni el tráiler de la peli... :crazyfeo.gif: :crazyfeo.gif: ¿qué cara le pongo al orco? Yo quería que la cosa fuera más del nombre de la rosa, me estaba gustando tanto lo que contabas... En fin, como bien dices... es un orco y todo está (o mejor, no está) en mi imaginación.

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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com