Letras entre amigos

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 Asunto: Re: EMPATÍA ANIMAL
NotaPublicado: 12 Mar 2013 09:13 
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Hola maría Ángeles, bienvenida. Soy Pepa. Coincidimos en Prosadictos en alguna ocasión. Bonito relato, tierno, fácil de leer, es decir, bien escrito y explicadas las cosas que quieres transmitir. Los niños son como esponjas y en buenas manos...
Es un placer leerte. Seguro que tienes muchas cosas que contar.
Saludos

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 Asunto: Re: EMPATÍA ANIMAL
NotaPublicado: 12 Mar 2013 10:42 
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Registrado: 10 Mar 2013 13:51
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Buenos días Mario. Aquí en España son las 9 horas 17 minutos.
Tus palabras de alegría me conmueven así como la defensa de un relato mío que parece que subí en Prosadictos, cuyo título ni recuerdo pero que he visto en los comentarios a tu cuento Las dos Elenas de Octavio que he leído esta mañana, ha salido a relucir.
Una usuaria, aún no sé quién es decía que el contenido era impactante pero que carecía de valor literario. Tengo curiosidad por saber qué relato es, ¿podrías decirme el título, por favor?

Yo puedo decir, siempre lo he dicho, que no me considero una escritora, me considero una maestra y una buena maestra por los resultados obtenidos. Ser maestra no es sólo enseñar, es mucho más. Es intentar formar a un ser humano y para eso tiene que estar formado el maestro/a. Yo he sido para muchos niños y niñas y, no tan niños, un modelo de conducta y he tenido que serlo porque yo no puedo pedir que se haga o no se haga lo que los alumnos ven que hago o no hago. Ellos copian de una.

Bien, Mario, de tí he de decir que ya no eres aquel hombre que decía que escribir era juntar letras, ¿recuerdas?, eres una persona que se ha esforzado porque si no lo hubieras hecho no hubiera podido leer el cuento por mucha ayuda que te preste Fernando, al que que hay ensalzar su labor, porque corregir no es muy apetecible. Y también quiero decirte que las matemáticas no son ciencias de memorizar, sino de razonar, de pensar, de entender...nada de memoria aquí.
Por otra parte, creo que no vamos a sacar ninguno una obra perfecta, yo, al menos, no me lo propongo, sencillamente porque la perfección no existe. Tengo muchos relatos en los que la realidad se mezcla con una pizca de invención. Mi vida ha sido muy rica en experiencias de todo tipo, unas buenas y otras muy malas; de muchas tengo relatos, que no sé si serán muy literarios pero son partes de mi vida y para mí son muy valiosos.

Un abrazo, Mario y te deseo lo mejor:


María Ángeles


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 Asunto: Re: EMPATÍA ANIMAL
NotaPublicado: 12 Mar 2013 11:00 
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Registrado: 10 Mar 2013 13:51
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Buenos días Pepa: me alegro que te haya gustado esta experiencia, o mejor mezcla de ellas. Como le he dicho hace un momento a Mario mi vida ha sido muy rica en experiencias de toda laya y tengo relatos de muchas. La realidad está presente en casi todos, y a veces, esta realidad ha sido cruda.


Por otra parte, Pepa, si eres tan amable, me gustaría que me dijeses el relato que subí en Prosadictos, del que no recuerdo nada, del que dices que no tiene valor literario, cosa que no discuto. Me gustaría buscarlo y ver qué puedo hacer con él, o si tú tienes la gentileza de decirme los posibles fallos, errores, ausencias...lo que tú percibas que no debió escribirse como yo lo hice. Te lo agradeceía, de verdad.


Un cordial saludo:


María Ángeles


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 Asunto: Re: EMPATÍA ANIMAL
NotaPublicado: 12 Mar 2013 14:53 
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Registrado: 30 Abr 2011 23:39
Mensajes: 3576
Ubicación: Barcelona - España
Hola María Ángeles, qué buenos recuerdos. También de Lanzas, interazul, Quijote... Ya no veo a muchos compañeros de aquellos tiempos.

Con mucho gusto te señalo la puntuación que yo creo adecuada. En la mayoría de los casos la puntuación forma parte del estilo del autor y las posibilidades válidas son muchas. En otros no, por ejemplo el archisabido caso de no poner coma entre sujeto y verbo, o ponerlas exactamente en los incisos cuando se usan, etc. Quiero decir que mi propuesta no es la única posible, pero he procurado dar soluciones lógicas, ligeras y que sigan las normas generales.

¿Hambre en la España de Felipe González, de José María Aznar? No en la que yo conozco. Y conozco bastante bien Extremadura y Andalucía, lugares donde el hambre ha sido endémica por siglos. Pero contra testimonio y vivencia personal no hay dato que valga, así que si tú viste esa situación de hambre en un pueblo en esos años, pues así será. Otra cosa sería que, por mala gestión familiar, en algunas casas los niños no desayunen. Que la miseria a veces persiste en la sangre. Lo de la vendimia en Francia también me suena a años anteriores, pero el planteamiento es el mismo, si es tu testimonio.

Aparte de la puntuación, te hago algunas sugerencias. Las verás al contrastar los dos textos si te animas a hacerlo. Por ejemplo, no cito a la costa ni a la Costa del Sol porque dices que el pueblo no está allí, y le resta credibilidad a algún aspecto de los que se cuentan. O la casi contradicción "hacía años/llevaba dos cursos". Sobre todo, al final, veo necesario cambiar un enfoque: si unos monos son objeto de un experimento científico, la constante observación de los datos hay que darla por supuesto. No es creíble que los limpiadores se dieran cuenta, como por casualidad, de que el mono no comía, y entonces decidieran los científicos observarlos. ¿Es que no los observaban ya, meticulosamente? También el final me parece algo distorsionado; quien muere de hambre no muere de repente. Un experimento así se suspendería cuando el mono que no come empeorara su estado de salud hasta el punto de no poder continuarlo. A ver si de lo que te propongo puedes sacar alguna idea.

El texto literario, a diferencia de una redacción escolar, pretende ser arte. Eso está al alcance de pocos, la mayoría nos quedamos en el intento. El lenguaje correcto, preciso, ligero ayuda pero no es todo. Lo que define al escritor es su mirada sobre las cosas; contar la realidad a través de la ficción, porque no hay mejor modo de explicar algo real que hacerlo con una historia inventada que se moldea como un alfarero moldea el barro. Sin que la realidad nos ate las manos. Incluso contando la realidad, la mirada del escritor es diferente.

Me ha gustado más tu relato cuando he entrado más en él.

Saludos.




La maestra... Hacía dos años que la maestra había llegado al pueblo del interior de aquella hermosa región, que había inhalado el perfume amargo del aceite de oliva recién prensado, enrrollado en el aire, que se le había llenado la mirada con el verde gris de las hojas de tantos y tantos olivos… La maestra se había embriagado con aquellas sensaciones, pero también había percibido otras. Había sufrido al ver la miseria en que vivían muchos de sus alumnos, que iban a las clases de la mañana sin desayunar, y le había dolido una gran decepción al darse cuenta de que allí, en aquel pueblo del interior, nada era como ella había imaginado en su meseta: clima tibio, buena vida, diversión, alegría… No, en aquel pueblo nada era así. Hacía frío en invierno, mucho frío, y mucho calor en el verano. La gente en edad de trabajar se iba a los campos a principios del año, con toda la familia, a recoger la aceituna y, a principios de otoño, a Francia a recoger la uva. Los niños perdían sus días de escuela, ¿cómo iban a progresar, pensaba la maestra, si la mayoría de los habitantes del pueblo donde ella intentaba introducir la cultura, el saber, era analfabeta? La maestra confiaba en el saber para subir peldaños en la vida pero la realidad era tenaz… No; ella no lo había imaginado así. En su pueblo los agricultores, en gran número, eran dueños de la tierra que cultivaban. Su vida era dura, pero también era mejor. Muchos de sus compañeros de carrera procedían del campo y sus padres podían pagarles los estudios y la estancia en un Colegio Mayor.

Ella había querido educar a aquellos niños en muchos aspectos de la vida. Los niños habían correspondido a esa dedicación con su cariño, lo más preciado para la maestra. Había intentado, entre otras muchas cosas, que las costumbres en el trato hacia los animales, algo brutales a veces, cambiasen. En las clases de Ciencias Naturales, siempre contaba una historia de algún hecho llamativo de un perro u otro animal para ayudar al hombre…

Llegaron las fechas de la Navidad. La maestra pensó que lo mejor para sus alumnos, que muchos nunca habían salido del pueblo, sería llevarles de excursión a Granada, al Parque de las Ciencias, que ella ya había visitado y le había gustado mucho. El problema del dinero para el autocar y las entradas al parque lo resolvería haciendo una colecta entre los niños y lo que faltase lo pondría ella, ya que ese mes cobraría paga extra. Se sentía contenta. Sus niños iban a ver multitud de objetos y experimentos jamás imaginados por ellos. Seguro que iban a quedar fascinados.

Llegó el día de la ansiada excursión. El autobús estaba aparcado frente a la puerta de la escuela.
La maestra arengaba a los niños:
—¡Niños!, ya os he dicho que vamos a ver un montón de cosas que nunca habéis visto, por eso tenéis que atender muy bien a todo lo que nos expliquen allí. Cuando volvamos a clase, después de las vacaciones, comentaremos lo que más nos haya gustado o sorprendido. ¡Portaos bien, sin gritos, haciendo caso al guía! ¿De acuerdo?
—¡Sí, sí! —gritaron los niños todos a una. Y fueron subiendo al autobús.
La maestra subió la última y le indicó al conductor que podía arrancar.

Después de unas dos horas de viaje en las que los niños se lo pasaron a lo grande, comiendo chucherías, bebiendo refrescos que la maestra había llevado y cantando villancicos, llegaron ante las puertas del Parque de las Ciencias. Allí les esperaba una señorita que les llevaría por las salas de exposición permanente: Viaje al cuerpo humano, la salud y la vida; Cultura de la Prevención; La Biosfera; Sala de la Percepción; Eureka; Al Andalus y la Ciencia; Explora. Había también otras salas con exposiciones, pero de permanencia limitada.

La voz de la guía se hacía oír con claridad en cada sala. Los niños atendieron con mucho interés, más aún en la sala del cuerpo humano, en el apartado de Genética situado detrás de unas puertas de cristal a través de las que algunos niños miraban fijamente. La guía les indicó que se estaban haciendo experimentos con monos Rhesus para comprobar el grado de empatía que estos animales podían sentir. Un alumno levantó la mano:
—¡Señorita!, ¿qué es eso de la empatía?
—La empatía, niños, es la capacidad que tienen algunos mamíferos, sobre todo nosotros, los seres humanos, para sentir el dolor y el sufrimiento de los otros. Veréis, seguro que alguno de vosotros se ha puesto triste cuando su amigo se ha caído y se ha hecho daño en las rodillas, ¿a que sí? Eso significa que habéis sentido empatía con él. Los seres que sienten empatía no quieren hacer daño a nadie.
Los niños escuchaban, asombrados y con los ojos muy abiertos, lo que la señorita guía les explicaba.
La sala que trata sobre el cuerpo humano, que gira en torno a la vida y la salud, les mantuvo extraordinariamente atentos. La Biomedicina, los trasplantes, los nuevos medicamentos, la revolución de la Genética, las relaciones entre los seres vivos…
Allí, sobre unas grandes mesas, se veían varias jaulas con algunos macacos.
—¡Señorita!, ¿qué hacen esos monos ahí dentro?
—Este es un experimento muy interesante y que requiere mucho tiempo. Uno de esos monos, el que está a la derecha de la jaula vista desde aquí, cuando quiere comer tiene que pisar una zona que produce en el otro mono una descarga eléctrica, lo que le causa sufrimiento. Se quiere observar la reacción de ambos animales ante esta situación de estrés.
Un murmullo de desaprobación se escuchó entre el grupo.
—¡Uf, vaya mierda! Para que uno coma, el otro tiene que sufrir. ¡No es justo! —Una voz infantil destacó entre las demás.
—Para que la ciencia avance es necesario este tipo de experimentos. Sí, ya sabemos que algunos son dolorosos y que a las personas sensibles les desagradan, pero es el precio que pagamos para avanzar en nuestros conocimientos… —justificó la guía.
El grupo infantil, acostumbrado a tratar con gatos, perros, burros y otras caballerías, allá en su pueblo, no quedó convencido. La maestra consideró que ya habían observado bastante a los monos y les indicó seguir hacia otras salas.
Los alumnos continuaron la visita por el parque y participaron en actividades como pedalear en una bicicleta que calculaba la potencia, manejar el giroscopio en la Sala Eureka, observar el péndulo de Foucault, comprobar el Principio de Arquímedes…

Se hizo la hora de partir. Los chiquillos iban callados. Sus ojos estaban ahítos de nuevas imágenes; su mente necesitaba tiempo para procesar tanta novedad. El nerviosismo del comienzo del viaje se había trocado en una serena tranquilidad, un poco ausente, como si la mente de los pequeños estuviera aún en aquellas salas…
La maestra, al mirar las caras de sus queridos niños, experimentó una sensación de alegría. No tenía la menor duda de que la excursión había sido un éxito.

La Navidad quedó atrás y también el maravilloso día de los Reyes Magos. Las aulas se abrieron de nuevo y cientos de niños con sus mochilas a la espalda, algunas recién estrenadas, hacían cola ante las puertas del centro. La maestra, después de los saludos y buenos deseos, se sentó en su sillón y comenzó la clase.
_ ¡Niños! Lo primero que haremos esta mañana será un trabajo sobre lo que vimos en el Parque de las Ciencias. Cada uno puede elegir el tema que más le interese de entre los experimentos y aparatos que vimos. Luego se leerán en alto los que nos dé tiempo en esta mañana. ¿De acuerdo?
—¡Sí, señorita! —afirmaron todos a una.
La mañana transcurrió volando. La clase se interrumpió a las once para tomar un bocadillo. Hacía mucho frío fuera y los niños no quisieron salir a jugar al patio.
Pasada la media hora de descanso, los alumnos prosiguieron con su trabajo. Sus caritas estaban enrojecidas por la concentración, mientras sus manos estaban frías, como pudo comprobar la maestra cuando tocó más de una.
Una hora antes de terminar la jornada escolar, la maestra dijo a los niños:
—¡Acabad ya el trabajo! Vamos a leer algunos. ¿Quién quiere ser el primero?
Varias manos se alzaron. La maestra señaló a uno de los niños y éste se levantó, se colocó junto a la mesa de la maestra, de cara a sus compañeros, y empezó a leer:
"Antes de las vacaciones fuimos con nuestra señorita a ver un sitio donde hay muchas cosas que se han inventado desde hace muchos años, pero también vimos animales… Lo que a mí más me impresionó fue el experimento de dos monos…creo que se llamaban Rhesus, o algo así. Querían saber cuál era su empatía, yo no sabía qué era eso, empatía, pero ya lo he aprendido, y me gusta mucho saber que yo la tengo también, porque a mí no me gusta que mi padre pegue a mi perro cuando entra a la casa, o cuando mi madre le pega un escobazo al gato porque se sube al sofá, ni me gusta que mi hermano mayor le pegue con la fusta a la vieja burra que tenemos porque le cuesta mucho subir cargada la pendiente de la calle de en medio. Creo que mi familia no tiene empatía. Tendría que ir al Museo de las Ciencias… aunque… mi padre no creo que quiera ir…".

Mientras el niño leía, la maestra fue mirando por encima de los hombros de sus alumnos el trabajo de cada uno y su sorpresa no fue menor cuando vio que todos trataban sobre lo mismo: la empatía. Así que, una vez terminó el primer alumno, decidió corregir ella los ejercicios sin más lecturas, ya que el contenido de todos los trabajos era básicamente el mismo.


El curso siguió con el ritmo acostumbrado. Las primeras flores de la primavera esparcían sus aromas por aquellos campos apretados de olivares; el frío había cedido y una leve tibieza se adueñaba del ambiente.
Antes de que junio, y con él el fin del curso, llegara la maestra decidió hacer un segundo viaje al Parque de las Ciencias de Granada.
—¡Niños!, como premio a lo bien que os habéis portado y lo mucho que habéis aprendido, volveremos este mes de mayo al Parque de las Ciencias, a ver cómo siguen nuestros amigos, los monos.
—¡Bieeeen! ¡Viva la “seño”! —aclamaron los críos, palmoteando.
—Llevaréis un cuaderno y un lápiz para anotar los cambios que observéis. Al regreso, haremos una puesta en común y cada uno leerá sus anotaciones. Así tendremos una idea de los resultados del experimento.
El día del viaje llegó. La alegría de los niños era inmensa. Todos llevaban su mochila con unos bocadillos, una botella de agua, una gorrita para el sol, una libreta y un lápiz o bolígrafo. El autocar partió entre los cantos y las risas de los escolares, que miraban los campos plenos de vida sin percibir su belleza. Los niños estaban ansiosos por ver de nuevo a sus amigos los monos.
El autocar se estacionó en la zona destinada a los vehículos grandes. La expectación en los niños era intensa. En fila, entraron en el edificio, en silencio, deseando que la señorita guía les llevara ante la puerta de cristales. Ella, sonriente, les esperaba en el vestíbulo.
—¡Buenos días, niños! Vamos a comenzar el recorrido.
Fueron pasando por las salas que ya conocían y otras nuevas, como el Desván del Museo, dedicado a los niños, y el pabellón Tecno-Foro, dedicado a los avances tecnológicos, la innovación y el arte. Al cabo de un rato, los niños comenzaron a dar muestras de cansancio. La guía se detuvo ante ellos:
—Bueno, ¿qué os ha parecido?
Uno de los niños levantó con timidez la mano.
—¡Señorita!, ¿nos va a llevar a la sala de Viaje al Cuerpo Humano?
—Pues es que…Veréis, por ahora no hay nada que enseñar allí.
—Pues ¿y los monos del experimento?
—¡Ah, eso!...Bueno, no quería hablaros de esto, pero…
—¿Pero qué? —apremiaron los niños y la maestra en coro.
La señorita guía parecía no querer hablar más de esta cuestión. Pero la maestra intervino:
—Señorita, escuche, por favor: los niños han vuelto al Parque de las Ciencias, sobre todo, por saber cómo avanzaba el experimento de los monos , sobre su empatía… Ese tema les interesó sobremanera. Todos han hecho trabajos sobre ello. Hoy quieren verlos de nuevo, si no es mucho problema…
—Ya… Pues sí, sí que hay problema, señorita. Verá: llegó un momento en que la comida que diariamente les llevaban quedaba intacta. Observaron que el mono más grande, cuando tenía hambre se acercaba al lugar donde estaba la comida pero se detenía antes de pisar la zona que producía la descarga eléctrica en su compañero de jaula. Esto ocurrió durante doce días… al cabo de los cuales el mono mayor ya no podía sostenerse en pie. Hubo que suspender el experimento. A pesar de ello ese mono murió tres días más tarde; se negaba a tomar alimento. Eso sucedió hace un mes, aproximadamente.
Un murmullo salpicado de sollozos apenas dejó oír la última frase de la guía.
—¡Pero ¿por qué, señorita, por qué?! —preguntó un niño que tenía su cara surcada por las lágrimas.
La guía carraspeó llevándose la mano a la boca.
—Según explican los que realizaron el experimento, el mono fue consciente del dolor que causaba a su compañero de jaula y quiso evitarlo. Dejó de ir en busca de su comida…hasta que murió.

La maestra miró a sus alumnos, vio el horror en sus semblantes y, dando media vuelta, se dirigió rápidamente a la salida seguida por el grupo de niños.

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 Asunto: Re: EMPATÍA ANIMAL
NotaPublicado: 12 Mar 2013 16:13 
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MARIAN escribió:
Por otra parte, Pepa, si eres tan amable, me gustaría que me dijeses el relato que subí en Prosadictos, del que no recuerdo nada, del que dices que no tiene valor literario, cosa que no discuto. Me gustaría buscarlo y ver qué puedo hacer con él, o si tú tienes la gentileza de decirme los posibles fallos, errores, ausencias...lo que tú percibas que no debió escribirse como yo lo hice. Te lo agradeceía, de verdad.


Hola Marian, yo creo que me confundes con otra persona o me pusiste una respuesta que era para otro.
Tu y yo coincidimos en Prosadictos, pero muy poco tiempo.
:wave:

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 Asunto: Re: EMPATÍA ANIMAL
NotaPublicado: 12 Mar 2013 17:15 
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Registrado: 01 May 2011 01:51
Mensajes: 1360
Ubicación: neza de mis amores
vaya, maestra ángeles, que me ha puesto a trabajar, por los apuntes, que debí de ir y venir entre ambos foros y consultar los archivos, que de una forma u otra quedan a veces enterrados en el polvo del olvido...

y si, el pretexto fue las dos helenas de octavio, (hoy solo las dos helenas) el punto de una pequeña reflexionen en la que yo resaltaba, que por ejemplo había obras a mi parecer un tanto ociosas con muchas visitas y comentarios y otras, tomando como ejemplo sus GORRIONES, con tan solo tres comentarios y menos visitas, de ahí empezamos la breve discusión, que milagros se sumo y ah fue donde nació la confusión que ahora aparece de nuevo, pues josesa, nada tuvo que ver...

así que, maestra esa fue la historia, y retomando las palabras de panchito, le doy la razón, cuando escribimos solo para señalar una historia y otra es cuando esa historia va acompañada de esos rasgos literarios que aquí y en otros foros aprendemos.

en mi experiencia tendré que aceptar, que mis trabajos ni son tan buenos y ni son los, únicos, como la mayoría de los que estamos aquí; siendo que todavía estamos en constante crecimiento.

saludos a todos y aquí andamos.

mario a.

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escribo y punto.



http://salypimientayyo.blogspot.mx/


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 Asunto: Re: EMPATÍA ANIMAL
NotaPublicado: 17 Mar 2013 14:27 
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Registrado: 10 Mar 2013 13:51
Mensajes: 24
Buenaas tardes Fernando:



He tardado mucho en leer tu correción, que deseo hacerlo con suma atención porque en estos momentos, días, estoy muy ocupada. Hoy he mirado la primera parte y veo lo de costera como que no va con lo de interior. Pienso que he contado las cosas comp yo las creía en un principio. Yo, cuando elegí en andalucía plaza pedí Alameda, ese es el pueblo en cuestión, y creía que sería como Fuengirola, por ejemplo, que sí la conocía o Marbella donde pase mi luna de ¿miel?
He tomado en cuenta algunas de tus anotaciones. No puedo poner pueblo en lugar de tierra porque yo no soy de un pueblo castellano. Nací en Valladolid, capital. Los pueblos los conozco casi todos y por eso sé que allí la vida también es dura, más con el clima continental, pero en general, el campesino castellano vive mejor que el andaluz. Supongo que en este mismo año la situación puede ser distinta. Hace mucho que no visito los pueblos de Valladolid.
Quiero decirte, sinceramente, bueno esto sobra, ya que yo no me molesto en hablar o escribir algo que no sienta, que dedicas un tiempo muy grande en leer cada relato y tratar de que quede lo mejor posible. Tu labor la admiro ya que a mí me cansa hasta leer los míos más de una vez.
En otro momento revisaré el resto. Estos meses estoy dando unas horas de clases a dos señoritas mayores de 25 años para el acceso a la universidad. Las clases me las preparo minuciosamente, y eso me lleva tiempo.

Bien, amigo, hasta otro mometo, recibe un abrazo que te permita seguir en esta vida con buen ánimo. (¡Anda, que no soy ilusa!)

María Ángeles


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com